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La luz natural, lo más importante.

Teníamos ganas de dedicar un post a uno de los factores que más influyen en la calidad de los espacios y al que más importancia le damos en Mistral a la hora de crearlos: La luz Natural.

La luz natural en una vivienda es tan o más importante que otros factores que en muchas ocasiones priman sobre aquella, tales como su ubicación, el tamaño o la distribución, pues condiciona un sinfín de cosas de las que hacemos en nuestro día a día y de las que ni siquiera nos damos cuenta.

 

 

Conviene decir que la luz natural del sol regula muchas funciones vitales de nuestro organismo y tiene un impacto directo sobre nuestro estado de ánimo, pues combate la depresión, aumenta la creatividad y además aporta alegría y bienestar visual. No cabe duda de que es la que hace que un espacio tenga más valor y calidad espacial que otro de iguales características, pero con poca iluminación.

Hay casas más luminosas que otras, ya que un factor fundamental es la orientación de la vivienda, por ello, hemos de tener presente a la hora de proyectar cualquier posible distribución o emplazamiento, que el sol sale por el Este, a medida que pasan las horas va hacia el Sur (hemisferio Norte) y se pone por el Oeste.

 

 

El primer factor que hay que considerar es, indudablemente, la distribución. Una casa con elevado número de divisiones interiores impide que la luz se distribuya uniformemente por todo el espacio. Por eso, nosotros siempre insistimos en los beneficios de proyectar y construir viviendas en las que sus estancias estén intercomunicadas y abiertas. Así, si ubicamos en un mismo ambiente las llamadas zonas “de día”, como la cocina, el comedor y el estar, además de ganar espacio de uso, lograremos que los distintos ambientes gocen de las mismas condiciones espaciales, lumínicas y ambientales.

De todas formas, para los pisos que reciben poca luz, hay algunos trucos para potenciarla. Veamos alguno de ellos:

Colores: Para que la luz natural resbale por el suelo, conviene que la envolvente, es decir paredes, suelos y techos, sea de colores claros, como el blanco o los ocres suaves, con lo que conseguiremos un “plus” de luz reflejada. Lo mismo pasa con elementos que poseen mucho peso visual, como por ejemplo las estructuras de madera. Si pintamos vigas, cerchas y correas de blanco, la luz no será absorbida por la superficie oscura de estas estructuras, sino que se distribuirá de manera equilibrada por toda la estancia.

Una sugerencia muy recomendable como fuente de inspiración es la decoración nórdica, de la que hablaremos en futuros posts, donde predomina el blanco impoluto con algunas notas de colores vivos en los textiles y otros complementos del hogar.

Muebles y Decoración: Hay que prestar atención en la elección de los muebles y tapizados, porque si ocupan mucho espacio y son oscuros o muy texturados absorberán mucha luz.

Entradas de luz: Evita obstruir las ventanas con muebles. Asimismo, los que se ubiquen en el recorrido de la luz, conviene que sean poco voluminosos, bajos, con patas o que estén hechos con materiales traslúcidos, calados o transparentes. En las ventanas por donde recibes la luz, opta por marcos de color blanco y coloca cortinas finas y claras, que permitan el paso de la luz.

El poder de los espejos: Colocar espejos decorativos en determinados punto estratégicos de una estancia favorece la luminosidad natural, ya que hace que la luz rebote y se amplifique.

Por último, decir que la luz natural no sólo nos aporta beneficios a nivel de confort y salud, pues también contribuye de manera muy importante al ahorro energético y a la responsabilidad con el medio ambiente, repercutiendo directamente en nuestros bolsillos.